Una big band con una veintena de jazzmen escogidos entre la muy profesional escena británica. Una música impregnada de un gran espíritu contestatario y rebelde. Un disco en el que se pueden oír, entre muchas otras cosas, los sonidos de 100 personas diciendo “sí” (la reina y el primer ministro británicos declinaron la invitación para ser dos de estas 100 voces), 70 preservativos rompiéndose, 100 tarjetas de crédito mutiladas con unas tijeras, 100 botellitas del perfume firmado por Britney Spears Curious y un proyectil que se utilizó en la guerra de Irak. Tan solo Matthew Herbert, uno de los gurús de la electrónica más iconoclastas y a la vez influyentes de este final de siglo, es capaz de hacer que todo esto tenga sentido. Tan solo Matthew Herbert puede crear belleza al mismo tiempo que reflexiona sobre el poder y sobre por qué unos individuos pueden acabar en la prisión de Guantánamo acusados de terrorismo por el simple hecho de poseer unos cargadores de baterías. Por primera vez en el Palau, Herbert presenta su segundo disco con big band: There’s me and there’s you. El jazz, no lo olvidemos, puede ser también una opción ideológica, una idea de justicia.

