El pianista Alejandro Esperanza, que el año pasado ya actuó en nuestro festival en el homenaje que dedicamos a Tete Montoliu, vuelve ahora al frente de su trío (Manel Fortià en el contrabajo y Marcelo Woloski en la batería) para presentar su último disco, Olivos. Una grabación que, explica él mismo, representa un símbolo del Mediterráneo y del concepto de hogar. Sus composiciones, afirma, son «un reflejo de aquellas cosas más básicas y también más bellas con las que cualquier persona puede sentirse identificado»: son piezas como Olivos –«enraizamiento profundo, duradero y fuerte en la tierra», Josefina –la madre–, Respira –«maravillarse por el mero hecho de existir»– y Riela –«aquello camino de luz que se refleja en el mar y que nos sigue cuando caminamos por la orilla». Música, resume, que se mueve en una dualidad: lo local y lo universal, entre lo que nos es propio y lo que todos compartimos como seres humanos.

