En el caso de Brad Mehldau y Joshua Redman, la suma de 1+1 puede dar mucho más que 2. Si en los años 90 el saxofonista se erigió como una joven figura dispuesta a tomar el relevo de los grandes jazzistas, una década después es Mehldau uno de los pocos artistas de su generación capaces de cumplir como cabeza de cartel de los grandes acontecimientos jazzísticos. Además, el pianista siempre ha reconocido el legado que le dejó Redman: su corta pero incisiva participación en el cuarteto del saxofonista le sirvió “dice él mismo” para aprender a liderar de verdad un grupo. Este otoño, Mehldau y Redman giran por Europa con sus tríos respectivos, pero el festival de jazz de Barcelona (una de las dos únicas ciudades que podrá disfrutar de la experiencia) les ha propuesto que unan las rutas de sus itinerarios para arriesgarse en la química que originan como dúo. Una nueva vía para que dos de los jazzmen más lúcidos de los últimos tiempos vuelvan a dejar estupefactos a los asistentes de un festival en el que ya han dejado una profunda huella.

