En la Cuba festiva y exaltada de los años 40, todo un movimiento de músicos replicó el fenómeno de las grandes orquestas con canciones paulatinamente instrumentadas de una gran sofisticación poética. Fue el filin, que Mané Ferret, cubana afincada en Barcelona de voz tan cálida como potente, recupera ahora con envoltorio contemporáneo y un buen gusto extraordinario.

